
Martes 8 de Septiembre 2026:- “Nunca me ha pasado nada”, “son pocas cuadras”, “yo manejo bien”.
Frases como estas pueden parecer inofensivas, pero muchas veces funcionan como autopermisos sociales que terminan normalizando conductas de riesgo al conducir.
En seguridad vial, el problema no siempre es la falta de información. Sabemos que la velocidad, el alcohol, la distracción o determinadas decisiones pueden tener consecuencias graves. Sin embargo, conocer el riesgo no significa necesariamente incorporarlo en nuestras decisiones cotidianas.
Ese es uno de los ejes que aborda Carolina Figueroa, presidenta de Fundación Emilia, en su nueva columna publicada en Cooperativa. A partir del concepto El Impacto Invisible, reflexiona sobre la distancia que existe entre saber que una conducta es peligrosa y percibir realmente el riesgo antes de que ocurra un siniestro.
La columna plantea la necesidad de avanzar más allá de la repetición de recomendaciones y trabajar también sobre la percepción de riesgo, especialmente sobre aquellos mecanismos cotidianos que permiten justificar o minimizar conductas peligrosas mientras todavía no han generado consecuencias visibles.
Puedes leer la columna completa en Cooperativa:
